EXPOSICIÓN FURANCHO
Galería Arniches26. Febrero 2022

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"En una de las paredes del estudio de Carlota, entre rollos de lienzo y pegadas con cinta de carrocero, pueden verse un par de notas. En la primera de ellas se lee una cita de Galileo Galilei: “Todas las cosas están ligadas con lazos invisibles. No podemos arrancar una flor sin molestar a una estrella”. La segunda es un curioso listado con el membrete “palabras con las que me explota un ojo” en el que se nombran términos como “fenomenología”, “criticidad cognitiva”, “imaginario social” o “impostura”. Estas notas están adheridas a un pequeño tabique que intenta hacer de frontera entre la vivienda y el estudio, y escribo “que intenta” porque, en el caso de Carlota, delimitar el espacio de creación y el que dedica al resto de su vida resulta una tarea prácticamente imposible.
Existen artistas de los cuales uno jamás sospecharía (por su expresión, ademanes o manera de habitar las cosas) el tono de su obra o tan siquiera su inclinación artística. Son los que llegan al estudio, fichan como el funcionario, y parecen desvincularse de su desempeño creativo como por arte de magia al salir por la puerta del mismo. Luego están los de otro pelaje, los que como en el paradigmático caso de Picasso lo revuelven todo dentro de un ámbito en el que lo cotidiano y la maquinaria creativa forman una sola unidad. Aun habiendo un gran campo de matices entre ambas especies, no creo necesario confirmar a cuál de las dos está más próxima Carlota.
“El alma, dijo, está compuesta / del mundo externo” es un precioso verso de Wallace Stevens que también podría añadirse, junto a las notas anteriormente citadas, a esa pequeña bibliografía de su taller. Y es que así es como funciona su quehacer diario, en el que todo es una simbiosis de elementos e ideas que trenzan conexiones saltando de un soporte a otro con la naturalidad del mismo respirar. En este juego de conexiones queda reflejada la fuerza omnipresente del color y su enlace con la figura de tendencia siempre orgánica, o de tintes primitivos, en el que la concreción y la abstracción a veces juegan al despiste. Algunas de sus composiciones podrían recordar, por su paleta, a las obras de un Kandinsky al que se le ha transformado el vértice de lo geométrico en lo romo de lo orgánico al pasarlas por el caleidoscopio vital de un Barceló o un Bonifacio. Sabe, todo el que está de veras en la vida, que su sustancia primigenia, el entender y el conversar con su verdad, es algo que se inclina mucho más por las curvas que por los ángulos rectos. También en todo este juego lo popular -de marcada raíz gallega en la mayoría de las ocasiones- da camino hacia lo universal; el aparente caos del estudio es en realidad la disciplina de una artista que se encierra a crear durante jornadas enteras mientras Madrid revienta de tentaciones; y lo funcional de ciertos objetos se difumina en una belleza que los transfigura en una forma de arte con el convivir de manera interactiva.
Existe un curioso término gallego denominado “furancho” con el cual se da nombre a las viviendas privadas que, por unos meses, se transforman en una suerte de tascas en las que se da salida al excedente de vino de sus bodegas. En ellas se rompe la dicotomía entre lo público y lo privado, entre lo íntimo y lo colectivo, entre lo abierto y lo cerrado. Al igual parece suceder con Carlota Pereiro, que desde su furancho vital nos ofrece ese excedente de vida en el que parece habitar y desde el que nos invita a romper las fronteras entre los distintos soportes, entre las emociones y lo pragmático, entre lo salvaje y lo naif, o entre la flor y la estrella. Y, en definitiva, entre ser espectadores de un mundo hiperteorizado o formar, de lleno, parte de él."

 

Constantino Molina

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Seis segundos en un abrazo
Técnica mixta sobre algodón.  1,85 x 1,50 cms
año 2022

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Dicotomía
Técnica mixta sobre algodón.  1,80 x 1,46 cms
año 2022

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